Portero de noche (1974), de Liliana Cavani. Una tormentosa relación sadomasoquista.

– Historia de O (1975), de Just Jaeckin. Una historia de sumisión y esclavitud sexual.

– El imperio de los sentidos (1976), de Nagisha Oshima. Uno de los títulos más emblemáticos del género. En los límites con la pornografía.

– Calígula (1979), de Tinto Brass. Con actores como Malcolm McDowell o Peter O’Toole.

– Vixen (1968), de Russ Meyer. Una película que convirtió a Erica Gavin en mito erótico.

– Casanova (1976), de Federico Fellini. Irreverente mirada al mito de Casanova.

2046 (2005), de Wong Kar-Wai. Calificada como desesperadamente romántica.

– Delicias turcas (1973), de Paul Verhoeven. Rica por su dramatismo extremo.

– Bolero (1984), de John Derek. Con la actriz Bo Derek, todo un símbolo del cine erótico.

– Tamaño natural (1977), de Luis García Berlanga. Un clásico en la filmografía del director español. Erotismo de autor.

Los tres primeros títulos merecen especialmente la pena y para quienes aún no los tengan es una oportunidad de conseguirlos por el módico precio anti-crisis de 1 euro. En el resto, algunas escenas spanko en alguna y el resto, eróticas…  que no sólo de spank vive el hombre.

No lo puedo remediar, últimamente mi faceta voyeur se está yendo hacia los stripteases con uniformes y la imaginación vuela hacia límites insospechados. A fin de cuentas, todos terminan en lo mismo, gemidos mientras sus dedos se pierden por su clítoris, pero el ver un disfraz estimula la vista y te recreas en una escena en particular. ¿Puede ser negativo? No lo creo, una vida sexual creativa es beneficiosa para la rutina diaria.
Por ello, chiqueta mía, te prometo que:

– Si eres mi enfermera, yo seré tu enfermo falto de sexo, donde mi convalecencia se medirá en orgasmos.
– Si eres mi domadora, saca el látigo porque intentaré morderte.
– Si eres mi profesora, he sido un niño malo, castígame 😉
– Si eres mi política, jódeme lo que quieras, tú eres la que mandas mientras me manifiesto en grupo :p
– Si eres mi secretaria, redacta los informes con mi boli… y a mano.
– Si eres mi monja, llévame a ver el Cielo contigo.
– Si eres mi policía, detenme, méteme entre rejas y hazme sufrir.
– Si eres mi prostituta favorita, ve poniendo precio a todo lo que te pueda hacer, arruiname.
– Si eres mi camarera, prepárame un buen café que yo pongo la leche.
– Si eres mi sirvienta, déjate sólo la cofia mientras limpias.
– Si eres mi futbolista, chupa el balón todo lo que quieras.
– Si eres mi médic@, dono mi cuerpo a tu ciencia.

y más y más y más… pequeña depravada, sacas mi vena más viciosa, por eso te dedico mis momentos más íntimos y placenteros, no es ninguna novedad el decírtelo.

Toda la excitación que sentimos al comienzo de una sesión o encuentro entre un spanker y su spankee. Todo lo que nos inunda durante ésta, desde el primer azote que nos inyecta una fuerte dosis de adrenalina y otras muchas sustancias en el cuerpo, hasta el final, cuando sentimos que la excitación ha llegado a su punto máximo y el deseo de culminar con sexo es mucho mayor que el de seguir adelante con el juego que posiblemente, a esas alturas ha dado ya mucho de sí.

Cada segundo, cada pequeña escena dentro del juego, todo se hace cada vez más intenso, la primera vez que nos envían al rincón y mirando a la pared, lejos de reflexionar sobre el motivo que nos ha llevado a él, nos hace pensar que en ese momento él está detrás de nosotras, mirando las nalgas enrojecidas y nuestra aceptación casi sumisa de ese “castigo” que nos mantiene frente a la pared, pensando en lo excitante que resulta que él te haya ordenado que te pongas ahí y saber que eres observada durante ese tiempo, quizás un movimiento desencadene más azotes, así, mientras estás esperando que él te indique que puedes moverte de ahí.

Y luego, más azotes, más sensaciones a flor de piel, un calor que nace de las nalgas pero se expande por el resto del cuerpo. Mi excitación es evidente, basta pasar los dedos poco a poco por mi sexo y comprobar que estoy gozando cada movimiento que hace, cada nalgada, cada beso sobre mis hombros o mi cuello, cada pequeño mordisco que recuerda el cortejo entre fieras mucho más salvajes que nosotros mismos y que al igual que en éste está destinado a indicarme quien controla la situación.

Finalmente, sentir que sí es él quien la ha controlado, que yo perdí la capacidad de decisión sobre lo que iba a ocurrir cuando el primer azote cayó sobre mis nalgas, sentir que él decide cuando, cuanto, como, donde… hasta donde,que no vale gemir, ni llorar, ni renegar, quejarme o decir que no voy a volver a hacerlo más, porque al final, las nalgadas cesarán cuando él lo decida, porque he llegado a confiar tanto que ambos sabemos que no habrá una situación de riesgo, que habrá unos límites no pactados, no hablados, no escritos…

Hasta que la excitación que he notado crecer entre sus piernas cada vez que el roce de mi cuerpo, tendido sobre sus rodillas me dejaba sentirlo, le haga tomarme así… con las nalgas elevadas y las manos abiertas sobre las sábanas, húmeda, llena de deseo, con las nalgas calientes que él puede sentir cada vez que empuja con sus caderas para adentrarse más y más en mí, entregada y simbólicamente vencida, porque es así como me siento cuando me toma … así, tan suya.

Desde que soy spankee consumada no había vuelto a soñar con azotes. Supongo que no lo necesito, que hago realidad mis fantasías y sé que ahora mis sueños están al alcance de mi mano, por eso, sí he soñado con spankers, pero durante éstos, no me azotaban.

Ninguno como el de esta noche, en la que mis sueños me han llevado tan lejos, de nuevo entre sus brazos para revivir los momentos compartidos, para sentir de nuevo todo aquel torrente de sensaciones que siempre me deja tan honda huella.

No ha sido un sueño líquido, de esos en los que aún dormida sientes la humedad entre las piernas, en los que el cuerpo se agita buscando quizás un roce involuntario que alivie la tensión creciente y proporcione un orgasmo no buscado, pero sí deseado. No ha sido un sueño erótico y sin embargo, he vuelto a soñar con sus manos sobre mi cuerpo.

Azotes tranquilos, entre personas que han llegado a entenderse perfectamente, que tienen un lenguaje propio y particular donde sobran las palabras, he mirado sus manos y también sus ojos. He vuelto a sentir cada uno de ellos sobre mis nalgas, a cambiar de postura en un momento onírico inolvidable, a sentir la excitación creciente en la respuesta agitada de su cuerpo requiriéndome para el sexo.

Y ha vuelto a azotar mis nalgas, a hacerme suya por completo, a acariciar la zona ahora más cálida y enrojecida de mi anatomía a penetrarme de nuevo dentro de este sueño que tantas veces he intentado tener pero que no venía por sí mismo a mi mente y no me levanté excitada, sino calmada, tranquila, consciente de que ese sueño ha sido quizás un regalo y deseando venir aquí, sencillamente porque hacía tanto tiempo que no soñaba con ésto que necesito dejar constáncia de lo que hoy me ha supuesto que llegaras a mí esta noche, porque aunque quisiera que no lo hubiera sido, la realidad es distinta y por mucho que quisiera cambiarla, lo de esta noche, solo ha sido un sueño.

Es sin dudas una de las grandes olvidadas de la “movida” pero estoy segura de que ella misma, tras los trágicos acontecimientos que marcaron el final de Parálisis Permanente así lo quiso. Suena el suyo, así, a uno de esos alejamientos voluntarios que la hizo desaparecer de la primera plana del panorama musical pero sin dejar de estar ahí siempre de una forma u otra.

Eran los comienzos de los 80′ y, aunque en otros países ya se estaba haciendo música muy novedosa (Bowie, The Cure,Ramones, Siouxsie & The Banshees, etc.) en España, Miguel Bosé cosechaba su primer gran éxito con “Don Diablo”. Creo que con eso queda clara la idea que quiero transmitir.

Mientras tanto, una mujer menuda, de aspecto frágil pero desenvuelto se unía a un grupo que empezaba a revolucionar el panorama musical. “Los Pegamoides” que, junto a Alaska salen al escenario con una estética rompedora para el momento “Bailando” y causando un verdadero “Horror en el hipermercado”. A Alaska ya le dediqué un post como chica fetish que marcó mi pasión por una estética que hoy por hoy sigue en boga.

Tras esa primera experimentación musical (como el post no es de música voy a ahorraros el contar toda la evolución de Ana Curra y su formación junto a Eduardo Benavente de Parálisis Permanente) con su nuevo grupo extrema más, si cabe, su estética oscura, de cuero, cadenas, post-punk, atrevida y … fetish.

Ana no tuvo miedo al desnudo, a la provocación, a ser una “sex simbol” de los ochenta y a ir abriendo un camino que luego se ha explotado al máximo hasta quedar, finalmente, superado por la evolución de los tiempos. Pero ahí quedó eso. Y ahí sigue.

Fueron los primeros en mostrar una mujer crucificada en la portada de su EP “Quiero ser santa” cuya letra, es para leerla y hacer un análisis detallado. Estoy segura de que la conocéis de memoria y su portada, fue revolucionaria en aquel momento.

Y finalmente, llegó “El Acto”. No sabría contar a cuantos fetichista de hoy en día nos dio un vuelco el corazón a ver entre los discos aquella portada donde una pareja con un atuendo que ya quisiera yo que usaran actualmente todos los/las que van a fiestas Bdsm y una puesta en escena que también podía evocar pasiones alternativas te atraía irremediablemente a escuchar un contenido lleno no sólo de ese “Acto” que practicaban seres “Adictos a la lujuria” sino de una gran “Bacanal”, alguien que vendía su cuerpo libremente alegando que “Tengo un precio” y la que fue, sin dudas, la canción más emblemática para los que ya entonces teníamos extraños sueños:  “Quiero ser tu perro”.

Atentos por ahí, Ana Curra ha vuelto y lo ha hecho como sólo ella sabe. Con el mismo estilo, las misma fuerza, las mismas ganas y ese estilo que post-punk que nos vuelve locos a los/las fetichistas.

De entre los tópicos más frecuentes en la Dominación femenina, uno de ellos, que abunda en vídeos y fotografías y del cual, la mayoría de los que se imaginan en esta situación no se ponen a pensar en lo problemática que es en sí misma y las precauciones que habría que tomar para realizarla sin poner en peligro su salud, es la típica del tacón dentro del culo del sumiso.

Por eso, ahora que he visto que en The Brandery en Barcelona, en su exposición “Fashion & Fetish” ha aumentado la presencia de zapatos muchos más adecuados para ese fin, no he podido evitar buscar el fabricante ainsley-t.com y empezar a imaginar la cantidad de posibilidades que se abre con este tipo de “juguetes”.

Visto lo visto, me pido un par de modelos de los que pueden dar “mucho juego” y a ver si las Reinas Fetish pasan por aquí cargadas de regalos, estoy segura de que se me ocurrirán muchas cosas para utilizarlos. Si sois fetichistas y además un poco “pervertidos” echadle un vistazo a la web. No tiene desperdicio.